Estudios de caso

(En construcción)

I. Comunidades rurales de agregados

Las zonas rurales en municipios como Lares, Adjuntas, Yauco y Maricao se distinguen por tener en ellas aún lo que antes conocíamos como agregados, es decir, personas que vivían en las fincas de sus patronos  a cambio de trabajar la tierra. A estos les daban semillas para que sembraran en las fincas y solían recibir un tercio de lo que sembraban, el resto era para la hacienda. Estas fincas solían tener varias casas de familias enteras de agricultores.

Los agregados, aunque están en posesión de un solar y casa no lo están en calidad de dueños, pues reconocen que la propiedad no es suya, sino de su antiguo patrono o de sus herederos, por lo que no adquieren la propiedad por el transcurso del tiempo y su tenencia es insegura. Entrevistamos varias personas que se encuentran en esta situación, ya sea viviendo la casa que vivían desde que trabajaban en la finca o ahora en la casa de su patrono que falleció y la sucesión les ha permitido “temporeramente” vivir ahí. La mayoría son personas adultas mayores y en cualquier momento podrían ser desplazados.

Este es el caso de Don Evaristo, quien sostuvo que, si los herederos de su antiguo patrono pretendieran echarlo de la casa, podrían hacerlo:

Esto es de herederos”…“Mia no. Si me quieren botar… Me cogerán pena y no me botarán. En lo ajeno no se puede armar nadie. En una pata’ lo botan.”

Los agregados han ocupado estas fincas por décadas. Han vivido en sus casas al menos por veinte años. Algunos han vivido en ellas desde siempre. Y la mayoría de ellos construyeron sus casas ellos mismos. Algunas de estas casas no aparecen inscritas en el Registro de la Propiedad.

Aunque aún existen agregados en fincas de sus patronos, muchos de estos se fueron del país o han muerto, otros han terminado en una situación muy precaria. Tal es el caso de Don José, quien terminó viviendo en una casa en plafón de la cual no tiene título y que tuvo que abandonar tras el paso del Huracán María. Actualmente vive en un plantel escolar porque no tiene vivienda. De sus ocho hermanos, solo una tiene su propia casa.

Por otra parte, a Doña Nidia el dueño de la hacienda en donde trabajaba su esposo les construyó una casa, pero el actual dueño amenaza con deshauciarla. Allí estuvieron viviendo durante 35 años. Al presente vive cerca de la casa, en casa de su hermana, quien le ha permitido vivir allí en lo que arreglan su casa porque tuvo daños con el Huracán. Doña Nidia se encuentra en una situación precaria, pues esta propiedad (la casa de su hermana) está en litigio y ambas carecen de tenencia segura.

Los agregados se enfrentan a desahucios y a cobros de alquiler. Los dueños de las propiedades que ocupan han considerado arrendarlas o, incluso las han vendido.

“El muchacho es buena gente. Me ha dejado aquí. Las hijas querían sacarme de aquí para alquilar la casa y coger los chavos. Yo me iba pal condominio hice los papeles hasta pagué $50, pero me dijo: “No, no tu siempre estuviste con el viejo y con nosotros quédate aquí”. Yo pago la luz.” -Don Evaristo

En el caso de Don Ángel, según nos dijo, vendieron el terreno hace unos diez años, pero no lo “botaron”. El dueño “lo mudó” a otra casa. Sin embargo, ahora tiene que pagar una renta de $150 mensuales. El antiguo dueño no le cobraba. No sabe de más nadie a quien le cobren renta y paga agua y luz. Si pasa algo en la casa, es él quien tiene que arreglarlo, aunque aún no le ha pasado, nos dice.

Estas personas están entre los setenta y los ochenta años o más; no terminaron sus estudios escolares, pues comenzaron a trabajar la tierra desde su niñez o adolescencia y hoy día reciben entre $200 y $300 de seguro social.

No sé coger ni un lápiz. Me crié solo”. -Don Evaristo

 

“Ahora no tengo capital ni na’…, pero tengo mi ranchito”. -Don Roberto

Este tipo de tenencia o tipos de tenencia similares también están presentes en municipios como Adjuntas. En este municipio se presentan casos de hijos y nietos de agregados que, aunque no trabajaron para el patrono de sus padres o abuelos, los herederos del antiguo patrono los mantienen viviendo en la finca. Tal es el caso de Carmela, quien ha vivido toda su vida en la casa que fuere de sus padres y anteriormente de sus abuelos, quienes la construyeron. Estos nunca fueron dueños de la finca, pero trabajaban en ella sembrando café y plátano y allí vivían. Aunque Carmela no tiene titulo de la finca ni de la estructura, se siente segura.

En casos como el de Carmela, el dueño de la propiedad no manifiesta problema alguno en que esta adquiera título sobre la estructura (su casa), aun cuando este mantuviera el titulo sobre el terreno. Y distinto a Ángel, a Carmela no le cobran renta alguna.

II. Casas privadas, suelo usufructuado

Como explicamos en la parte del contexto histórico y políticas públicas, a partir de 1941 la Ley de Tierras comenzó un proceso de otorgamiento de parcelas en usufructo para que las personas construyeran sus casas con ciertas limitaciones. La Ley de Tierras sufrió varias enmiendas y a lo largo del tiempo se integraron varios programas como el de Ayuda Mutua y Esfuerzo Propio que también describimos en esa sección. El cambio más significativo fue en 1969 cuando se dispuso por ley la entrega de títulos de propiedad  mediante la venta por el precio de un dólar ($1) a los usufructuarios. Al día de hoy todavía hay aproximadamente 58,000 parcelas en usufructo a las que no se le ha hecho el proceso de conversión de usufructo a dominio. Como nos explicó el arquitecto Federico del Monte, de un tiempo en adelante el Departamento de la Vivienda en lugar de visitar las comunidades para llevar a cabo este proceso, descansó en que fueran los individuos quienes procuraran mediante el proceso burocrático, la conversión del usufructo al título con dominio. Algunas de las personas entrevistadas llegaron a adquirir sus terrenos por $1 post 1969, otros todavía esperan. Los reglamentos para este propósito también han sufrido varias enmiendas.

 “Mira yo voy pa’ allá abajo que están repartiendo solares a ver si tengo una casita de mi cuenta para no tener que estar viviendo de arrimao….Muñoz compró los terrenos para liberar a los que vivían arrima’o”

-Don Roberto Montañez en su relato sobre cómo llegó a su actual casa.

Muchos de estos terrenos fueron adquiridos por el gobierno para cederlos en usufructo a familias de agricultores con el propósito de que estas los trabajaran. En principio la cantidad de cuerdas repartidas era mayor, sin embargo, en vista de que algunas de estas fincas no estaban siendo trabajadas o eran vendidas a personas privadas por los usufructuarios, posteriormente las extensiones variaron.

Sobre esto Federico del Monte, nos comentó que “a veces la gente abandonaba las parcelas y que luego eran ocupadas por otras personas que no tenían ningún tipo de tenencia legal. El Departamento de la Vivienda tenía que intervenir con esas personas”. (Parafraseado)

Algunos de las disposiciones de la Ley de Tierras se manifestaron en estas entrevistas, tales como la limitación de venta y arrendamiento a terceros por parte de los usufructuarios o el requisito de no tener casa y tener familia. De entrevistas las entrevistas realizadas en el centro de la isla se desprende que la transferencia del título supuso para algunos, como Don Roberto, ir hasta la agencia en San Juan para poder obtener la escritura, pues no se les entregaba inmediatamente, sino que había que realizar una serie de trámites. En el caso de Doña Esther, quien tramitó el proceso de solicitud de titularidad del terreno vía el Departamento de la Vivienda, el proceso fue largo. Los funcionarios del Departamento le dijeron que tenía que ir a solicitarlo a San Juan y que el proceso iba a tardar, pero no le dijeron cuánto tiempo tardaría. Sobre el proceso de solicitud de título expresó:

Es larguísimo. Tú sabes lo que estar años y años pagando y […] después que tu saldas, que quieres tener tu casa segura […] Y entonces eso como quien dice se queda en el aire. Lo [encuentro] lento”.

-Doña Esther, quien recomienda que estos procesos sean más rápidos.

Aunque en estos casos algunos expresaron sentirse seguros en sus hogares, la mayoría también expresó que se sentirían aún más seguros teniendo el título sobre las respectivas propiedades.

“El título de propiedad, después que tú lo tengas en tus manos, tú estás segura de que tu casa es tuya y que, creo yo, que el Gobierno no se puede meter allí… “Yo estoy segura, pero cuando lo tenga [el título], entonces es que estoy más segura. Imagínate, después de estar tantos años pagando…”.

Las personas a quienes le fueron cedidas parcelas en carácter de usufructo y, posteriormente, se las vendieron según la reglamentación, han pasado décadas viviendo en ellos. Sin embargo, aunque algunos han saldado el pago por la compraventa de la propiedad aun no les han transferido su título. A Doña Esther, por ejemplo, el municipio le cedió la propiedad a cambio de un pago de aproximadamente $2,080 de los cuales cobrarían $70 mensualmente. Aunque el pago ha sido saldado, al momento de ser entrevistada ésta aún no se le había transferido el título de su propiedad, a pesar de haber pasado unos cuatro meses gestionándolo. Entre las preocupaciones de Doña Esther está la imposibilidad de segregar el terreno para ceder parte de este a algunos de sus hijos, quienes no podrán adquirir título sobre el terreno segregado hasta que se materialice su título de propiedad.

Estos casos no se limitan a los usufructuarios a quienes originalmente le cedieron la propiedad, sino que se extiende a los hijos de estos, como en el caso de las hijas de Carmela o de José. El padre de este último adquirió un terreno que no supo precisar cómo terminó en manos del gobierno, aunque sí nos explicó que les fue vendida por el precio de $1.

Sobre estos terrenos, los usufructuarios construyeron hogares con permiso y con sus materiales y mano de obra pero ahora tienen título. El segundo escenario es el caso de José. La casa donde fue criado formó parte del proyecto de Comunidades Especiales. La misma fue derrumbada y se dio inicio a su reconstrucción, sin embargo, el trabajo quedó inconcluso.

III. Comunidades en áreas costeras o que originalmente ocuparon bienes de dominio público marítimo terrestre

El equipo de este proyecto visitó comunidades costeras y algunas ubicadas en lo que era o actualmente es zona marítimo terrestre, entre ellas algunas de las comunidades del Distrito Especial del Caño Martín Peña. Entre entrevistas con residentes y profesionales recopilamos información valiosa sobre estas comunidades y conversamos sobre cómo llegaron allí, qué procesos han enfrentado para obtener tenencia segura y el peligro o no de desplazamiento que enfrentan o han enfrentado.

Sofía[1], vecina del suroeste de Puerto Rico, nos contó que donde se encuentra su casa, originalmente era un mangle que familias de pescadores ocuparon.

En aquel tiempo había caña, había caña por todo esto por acá; como dicen pantános. No había casas, lo que habían eran chozitas, esas de palmas y así vivía la gente. Bien pobre, ¿verdad? Pero nosotros igual éramos bien pobres. Mi papá estaba y después se fue para la Guerra Mundial. Entonces cuando volvió mi papá compró una casita y le dieron un terreno, para esos tiempos era Luis Muñoz Marín. Yo estaba como once o doce años. Pero todo eso allá era mangle. Todos esos terrenos que ven allí, esos terrenos son de mi papá, pero hubo otras personas que se apoderaron de ellos, y nosotros estábamos luchando esos terrenos, pero pues… ¿Qué se puede hacer? La gente hizo sus casitas ahí. Eso todo era de Recursos Naturales, era de las playas. El permiso se lo daban de la casa, pero no del terreno, porque eso era de Recursos Naturales, del mar. Pero para que tuviesen lugar donde vivir. La gente se mantenía con el pescado, con las ayudas del gobierno.”

Aida, también del suroeste, quien vive unas casas más abajo de Sofía, nos relató cómo ella llegó a vivir allí:

Esta casita era una casita vieja cuando la compramos, él la compro y la fuimos arreglando poco a poco. Se la compramos a un señor llamado Pablo Rosa y me esposo pescaba para él. Él tuvo un accidente que se lastimo el dedo y entro por el Fondo y el fondo le dio unos chavos y el compro esta casa. Eran manglares, pero ya estaban construidas, No las han sacado porque ya llevamos muchísimo años. Esta casa es mía, pero el terreno no. El terreno es del gobierno. Era mangle y cuando yo vine ya estaba construida.”

Aida y sus vecinos se encuentran en terrenos públicos, aunque tienen son dueñas de la estructura. Entiende que no se enfrentan a amenazas de ser removidos, pues llevan muchos años. No obstante, esas viviendas se han convertido en objeto del negocio de Airbnb. Actualmente, Aida es la única vecina constante, pues el resto de las personas que están allí son extranjeros que se encuentran de vacaciones y han alquilado las casas para habitarlas mientras dure su estadía en Puerto Rico.     

Por su parte, Juan Tirado[2] un hombre de 61 años en un municipio del oeste lleva 60 años viviendo en su comunidad. Lo trajeron a la edad de un año de otro “arrabal” y se mudaron a una propiedad que era del abuelo. Se mudaron todos porque no había facilidades “eran cuarteles, barracas, muchas familias… acá era mejor sitio”.

El abuelo y otros habían ocupado originalmente ese terreno y luego se las vendieron por un precio nominal. Posteriormente las inscribieron, por lo que él tiene título. Los títulos se entregaron en el primer cuatrienio del ex Gobernador Rafael Hernández Colón. En la comunidad viven 1,500 familias, según el censo 2010. Un total de 4,169 personas y 60% son madres jefas de familias. Es una comunidad especial. La pobreza, pobre infraestructura y el analfabetismo forman parte de los aspectos estructurales que le afectan.

Desde el 1917, familias ya se asentaban en el sector Las Monjas en Hato Rey.  Muchas familias comenzaron la migración de los años 30 buscando un mejor porvenir y al no encontrar viviendas se ubicaron en los márgenes.[3] En estos márgenes, originalmente, “no se podía caminar porque era un mangle, era fango… Era un mangle y se ponían tablitas para pasar por ahí. La gente hacía las casas o entonces traían las casas hechas porque te denunciaban.”[4] Sobre el proceso de construcción y ubicación en el Caño, Ana Lydia Vázquez, de 82 años, nos narra su ardua experiencia:

Yo nací en el Caño Martín Peña….muchas casitas, pero casitas en madera. Yo construí una. Empezaron a sacar casa como para la parada 22 y 23. Y mi casita estaba entre el caño, pero cuando la marea bajaba, pues nosotros lográbamos meterme yo con unas botas (altas) y yo tenía 17, pero ya. A los 20 yo estaba metida en el fango construyendo mi casita. Lo que se caía por ahí no lo veía más. Tumban casas por otros sitios y nosotros íbamos, hicimos un carro con cuatro ruedas de gomas de carro viejas con un cajón y ahí una persona por un lao y yo por el otro íbamos a buscar esas maderas y con gatos y martillos y pata de cabra sacábamos madera buena y la arrastrábamos y la traíamos y con eso construíamos. Entonces había un sitio que tiraban mucho, donde había cristal, los cristales con esas tablitas hacíamos las paredes. había que esperar que la marea estuviera bien bajita para podernos meter. Y si había un perro muerto te pasaba por el lado o un ratón. Entonces las barrigas seguían saliendo una detrás de otra y yo tuve 7 hijos. No teníamos divisiones ni arriba había, sino como un rancho bien grande y así pues las camas una al lado de la otra. No había división, el baño, uno bien grande la mita era baño y la otra cocina.

 

Nos las desbarataban. Nos ponían a velar a mí y a otra muchacha a la policía a los guardabosques. Nos poníamos a jugar cerito y cuando veíamos teníamos los guardabosques al lado. Pues nos quedábamos e iban y le rompían las cosas, cogían la madera y la picaban por la mitad, si eran cartones, las tablas que eran maderas frágiles y las picaban y las tiraban. Que total ellos la empataban de nuevo. Y de noche cuando ellos se iban a las cuatro y de cuatro a seis se trabajaba. Se hacía gas y se ponían unas mechas y eso una sujetaba para que ellos pudieran clavar. me la destruyeron dos veces. Yo me quedaba en casa de mi mama que vivían un poquito más para fuera. Mi mamá ya tenía terreno y tenían una casa como ahora frente a la calle, pero yo me tuve que meter bien atrás. Y me quedaba en casa de mi mama con mis hijos. Y al otro día volvía a bregar.”

Este relato revela el proceso dificultoso de las familias para levantar sus viviendas y cómo, una vez edificadas, fueron sujetas a la demolición por parte del Estado. Las pesadillas no terminarían allí, pues luego el gobierno les expropia y los mueves a residenciales públicos donde la comunidad era diferente y donde no se acostumbraban a vivir. Continúa Ana Lydia narrándonos el proceso:

“Después de eso vino el gobierno otra vez y nos compró las casas. El que estaba era Muñoz Marín. Nos compraron la casa porque nos iban a hacer casas mejores. Ese fue el engaño, el enganche. Y pues mucha gente lo creyó. Mi esposo como había unos cuantos niños y no teníamos, no había mucho re curso, la casa no valía tanto. Por la casa nos dieron unos mil y pico de pesos y nos mandaron a vivir para Extensión las Casas. Aquí en Barrio Obrero. Era un caserío que ahí había. Un caserío viejo y nosotros fuimos a vivir ahí. En ese caserío estuvimos viviendo. No estuvimos muchos años porque yo no me adapte a esa forma de vivir. Porque yo fui a vivir a un segundo piso, los que vivían abajo eran personas… había muchos y muy bebedores y los que vivían en el tercero muy bebedores también y nosotros eran el jamón del sándwich. Vivíamos en el segundo piso… No me acostumbre a vivir en la porquería.

 

Prefería vivir en mi sitio, en mi caño. Donde yo cogía el agua de la madeja y lavaba mi casa, pero la tenía limpia. Eran tablas, tablones, un canto de un piso era una tabla y otro un cartón, pero estaba limpio. Nadie se metía con nadie. Yo vivía individual, sola. Éramos gente muy unida. Ese otro proyecto no fue un éxito. Un día cogí unos bolsos y vámonos. Me fui para en casa de mi mamá. No me gustaba allí. Y allí me quedé en casa de mi mamá y de la mamá de él.”

Doña Ana Lydia anhelaba regresar al Caño y así lo hizo, luego de ver la inmovilización del Gobierno tras haberles expropiado sus propiedades en el Caño.

Una vez que estaba en casa de mi mamá busqué forma de meterme en el caño de nuevo y volví y construí otra casa en el caño en la misma parada 24 más delante de donde me habían tumbado la mía. El gobernador dejó eso allí standby y pasaban los años y no hacían nada y la gente volvió a construir. Y allí yo construí de nuevo, una casa igual de grande, pero un poquito más arregladita. Me pasaba tejiendo y lo vendía y con eso compramos plancha de zinc y cuando venimos a ver teníamos zinc nuevo y madera en el piso buena. Se compraban ventanas y se hizo una casita mejor. Y seguimos ahí, echando pa’ adelante.”

Por su parte, Mario Núñez, otro residente y líder del Caño Martín Peña, nos explicó que sus padres llegaron luego de proceso de expropiación de La Colectora, El Fanguito, pero para 1960 fue expropiado y lo relocalizaron en el residencial público Luis Llorens Torres. Por un año y medio vivió allí y para 1961 compró “un ranchón de botella” y mandó a hacer una casita pequeña y poco a poco la casita se fue mejorando, añadiendo cuartos, cemento, se hizo cocina y baño en cemento, luego piso cemento y techo zinc y después se mejoró. Indicó que el proceso de construcción tomó tiempo. Su padre hacía préstamos y con eso se compraban materiales, se levantaba una pared, y volvía a solicitar otro préstamo. Así lo hicieron muchas familias incluyendo quienes adquirieron solar a través de la cooperativa de solares.

(en construcción)

IV. Las Cooperativas de Suelo

Uno de los mecanismos para acceder a vivienda ascequible y lograr tenencia segura fue el fomentar cooperativas de suelo y de crédito. Como vimos en el contexto histórico, desde la década del 20 en el siglo XX el movimiento cooperativista tomó auge y entre varios tipos de cooperativas nacieron las cooperaticas de vivienda. Uno de los ejemplos de cooperativas para esos fines está en el Caño Martín Peña que desde muy temprano en el siglo XX ha enfrentado la necesidad de vivienda con una variedad de estrategias de tenencia.  En el proceso estas comunidades han experimentado grandes cambios estructurales y organizacionales y las vicisitudes que han afrontado los han llevado a transformarse para ser más fuertes ante cualquier amenaza. Actualmente en el proceso de regularización del suelo y el objetivo de lograr tenencia segura, se ha retomado el origen de las cooperativas de suelo pues algunas de las personas viven en terrenos que se adquirieron por vía de la cooperativa o se llegó a pagar parte del precio acordado

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Colección Periódico El Mundo, UPR. [Entrega de llaves en la cooperativa de viviendas de Juana Díaz]

Uno de los mecanismos para acceder a vivienda ascequible y lograr tenencia segura fue el fomentar cooperativas de suelo y de crédito. Como vimos en el contexto histórico, desde la década del 20 en el siglo XX el movimiento cooperativista tomó auge y entre varios tipos de cooperativas nacieron las cooperaticas de vivienda. Uno de los ejemplos de cooperativas para esos fines está en el Caño Martín Peña que desde muy temprano en el siglo XX ha enfrentado la necesidad de vivienda con una variedad de estrategias de tenencia.  En el proceso estas comunidades han experimentado grandes cambios estructurales y organizacionales y las vicisitudes que han afrontado los han llevado a transformarse para ser más fuertes ante cualquier amenaza. Actualmente en el proceso de regularización del suelo y el objetivo de lograr tenencia segura, se ha retomado el origen de las cooperativas de suelo pues algunas de las personas viven en terrenos que se adquirieron por vía de la cooperativa o se llegó a pagar parte del precio acordado

 

Doña Conchita Cintrón que fue secretaria de la Cooperativa es la memoria histórica de ese proceso y tiene documentos valiosísimos que el Fideicomiso de la Tierra utiliza para reconstruir el tracto de algunos de los terrenos. Entrevistamos a Doña Conchita:

“Eso fue sin cobrar nada, era trabajo voluntario. Igual que el Head Star. En el 79, vino Doña Fela y yo quería que hubiera un hogar maternal porque yo tenía mis nenes chiquitos y para que todas las personas que quisieran trabajar pudieran trabajar y dejar los nenes ahí. Pues así se formó, pero como no había donde hacerlo, se buscó una casa…Empezamos por una Cooperativa de Crédito y Ahorro. Cogimos el nombre “Eslabones Unidos”, la primera. Después, como era para usted ahorrar dinero para si alguna vez hacían un proyecto, usted poder vender los solares. Eso se mandó al Estado, Cooperativa de Vivienda Pro Hogar Seguro. Fuimos a Fomento Cooperativo y el inspector de cooperativas de allí nos dijo que iba a ver, luchó mucho en la legislatura y nos asignaron 18,000 pesos para la casa y eso está ahí escrito, yo tengo documentos.

 

Después para el terreno… La CRUV lo cedió para comprarlo. Ahora, está cerrado el edificio, dejaron de pagar el seguro. Todavía existe el edificio, me da pena… tanto que luchamos para eso. Cuando íbamos a la Legislatura, a pedir más dinero para vender los terrenos que era por etapas y le ponían esos proyectos los primeros que se vendieron están en el plano. Había gente que nosotros le escribíamos, que su solar estaba para venderse, que valía tanto y todo lo demás. Y así la gente se creía que esto era como las parcelas que se compran a peso y nos decían los apestosos, pero ahora es la Milla de Oro, de la Uruguay para acá. Yo estaba a todas esas reuniones, a Bayamón, a donde quiera fueran.”

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Doña Conchita Cintrón, en el medio, un día de las Secretarias

Por su parte, Mario Núñez, al igual que Doña Conchita, nos detalló que las cooperativas de suelos comenzaron tras asambleas en la escuela Emilio del Toro Cuevas. Se acomodaban en el salón y eran reuniones de los socios y miembros de la cooperativa. Allí se hacían informes, planes de trabajo, rendición de cuentas, los que habían saldado, entre otros. Recuerda algunos de los nombres de las personas miembros de la Cooperativa: su papá fue de la directiva en un momento, Eliseo Alvarado, Apolinar Angulo, Asunción Reyes, Luis Guzmán, Pedro Berdejo, Tomás González, Conchita Cintrón y Wilfredo Villalobos Amador.

Núñez describe el proceso como uno bastante arduo. Se convocaba a la comunidad a reuniones comunitarias a través de altoparlantes. El trabajo participativo y de autogestión ha sido uno de una gran y larga trayectoria. El origen de las cooperativas fue una conexión entre los mismos residentes porque la comunidad se organizó y ya para el 1957 había organización comunitaria. La misma se conocía como la Liga Martín Peña, una organización recreativa incorporada en el 57. Se continuó trabajando con los niños, luego con las condiciones calidad de vida, y de ahí surgió la idea de trabajar con solares.

Nos narra Mario que “se tocaron puertas a los políticos de esa época, se hacían reuniones con legisladores, representantes del distrito, con secretarios de viviendas como José Enrique Arrarás, para impulsar proyectos de ley. La cooperativa nació del interés de varios líderes, personas con visión, el Banco Popular ya existía cuando se creó la Cooperativa porque se estaba construyendo Popular Center. Esto era una amenaza de que los grandes capitalistas hicieran desaparecer lo que impulsó la cooperativa, la gente que más beneficio tuvo fue la de Parada 27, calle Prudencio Martínez, segmento sur de la Prudencio y de la calle Uruguay, los que estaban en terrenos del gobierno a través de la CRUV y la Cooperativa. Cuando se le vendía se le cobraba peseta para fondo de encintados, aceras (en la cooperativa) y el trazado urbano.

La Cooperativa nunca cumplió su propósito y algunos señalan como algunos de los factores la mala administración y una sindicatura. El síndico de la Liga de Cooperativas asumió la administración, pero posteriormente se perdió el interés. Sobre información adicional de esta organización Núñez explicó que:

hay una propiedad con las oficinas de la cooperativa, edificio abandonado, hay una secretaria, pero no tenemos los documentos, hay un plano de inscripción sobre cómo estaba conformada la venta de solares. Hay preocupación en el liderato de parada 27 porque hay familias que dicen ser acreedoras no hay constancia de que hayan pagado y otros que se quedaron en un limbo sin hacer la transacción de compraventa…otros han perdido documentación de inscripción o compraventa por inundaciones.”

El Banco Popular eventualmente empezó a construir a lo largo de la calle Uruguay y según nos narró Mario, en los 80, la maqueta del Banco Popular tenía incluído un desarrollo de esta zona. Otros procesos se llevaron a cabo en la zona, por ejemplo, la expropiación del barrio Tokio en los 70 y unas décadas más tarde construyeron el Coliseo en el segmento oeste del caño. A los residentes de Tokio le dieron entre 15,000 o 20,000 y otros los movieron a vivienda pública. Llama la atención que la mayoría de ellos, según Mario, fueron los que expropiaron también en Las Monjas para la época de la gobernación de Luis A. Ferré. Los procesos de expropiación, enfatiza, no son participativos, solo se les notifica que se les va a mudar y “para nadie eso es saludable. La expropiación daña el espíritu de la gente”. Núñez indicó que

“en los vaivenes y cambios políticos vimos como todas las administraciones daban el título a militantes del partido por lo que una calle hay una o dos con título otras no… esa regularización fue política y discriminatoria porque no fue uniforme para todos sino selectivas, en todas las administraciones. Nace G8 y con el Fideicomiso se subsana eso. Lo que tenemos es otorgar el derecho de superficie para regularizar y estar en igual condiciones que los que tienen un título individual. Tiene los mismos atributos….se subsana el deterioro de las características de arrabal…

V. Parcelas en Herencia

“Los costos y el desconocimiento de a quién acudir porque la gente falleció y no sabemos a quién dirigirnos

 

– Doña Inés Soto, residente del Este de Puerto Rico (seudónimo)

 Muchas de las personas que participaron de nuestra investigación, alrededor de diferentes puntos de la isla, viven en parcelas “heredadas”. Dichas personas, independientemente el lugar o el municipio donde viven, tienen en común varios aspectos que discutiremos en su fondo, caso a caso, más adelante.  Por ejemplo, alguno de ellos son: (1) fincas con varias cuerdas sin ser segregadas, (2) que desconocen a todos los herederos que componen la sucesión o que se les hace difícil contactarlos a todos y (3) que muchos de los acuerdos entre la familia se llevaron a cabo mediante declaraciones juradas ante notarios, siendo ésta la única evidencia que sostienen para acreditar el “permiso” que les dio algún familiar para establecerse en dicho espacio.

Analizadas las entrevistas realizadas en un municipio en el Este central, se puede destacar que uno de los principales problemas que enfrentan los participantes de la investigación es la falta de titularidad por problemas hereditarios. En su gran mayoría, las personas que participaron de nuestra investigación en este municipio están entre las edades de 50 a 65 años y han vivido gran parte de su vida en la parcela familiar. Nos narraron cómo sus antecesores hicieron sus negocios de forma verbal y no formalizaron los acuerdos entre familia mediante los instrumentos que provee la ley, provocando que en ocasiones sientan cierta vulnerabilidad. Asimismo, en su gran mayoría, los participantes se vieron imposibilitados de recibir algún tipo de ayuda luego de los Huracanes Irma y María, con excepción de algunos.

Ahora bien, un caso particular es el de la señora Myrna López. Ella considera dueña de su casa la cual adquirió por compraventa. Se destaca de otros ya que la parcela familiar sí está segregada, lo que ocurre es que se desconoce el paradero de los demás comuneros. La casa de Myrna, es la estructura principal de la finca que está segregada en 12 solares. Debido a que su casa constituye la edificación principal en la parcela, el problema al que se ha enfrentado es que todas las notificaciones del CRIM sobre los demás solares las recibe ella. Esto ha provocado levantar cierta inestabilidad sobre la permanencia en su casa ya que continúa aumentando la deuda con el CRIM y ella no ha podido contactar a los demás herederos. Como podemos ver, los problemas en las fincas familiares no se circunscriben únicamente a informalidades en la titularidad.

Sobre la parcela, Myrna nos comentó que “antes heredaban las fincas, mi abuela lo heredó de su papá y la gente antes tenía mucha dejadez.” Haciendo referencia a que la gente antes no se preocupaba por formalizar los negocios jurídicos que hacían entre sí. Como bien señala Myrna, contactar a los herederos suele ser uno de los principales retos para quienes desean formalizar su titularidad.

En este mismo municipio, entrevistamos a un matrimonio, compuesto por Pablo García y María Miranda. Este matrimonio lleva 29 años viviendo en una casa construida por el trabajo de ambos, pero en solar privativo de Pablo. La finca era propiedad de la PRRA, su padre la adquirió, y le cedió un pedazo a Pablo, mediante carta, para que construyera su propia casa. No ha podido realizar los trámites correspondientes para obtener su título ya que la sucesión de su padre está compuesta por 32 hermanos y solamente conoce el paradero de tres.

Como hemos podido corroborar en la realización de esta investigación, los procesos de declaratoria de herederos ha sido uno de los principales obstáculos, independientemente la cantidad de herederos que sean. Sobre este particular, nos dice Pablo que:

hay que tener mucho dinero para poder resolverlo. El que siempre esta pincha’o es el pobre, el rico no, el rico tiene dinero para eso. Es importante, por muchas cosas, hay una casa, así como la mía, y no le quieren poner luz porque no tiene titularidad.

 Imaginemos lo complicado y costoso que sería contactar a 32 hermanos para poder llevar a cabo el procedimiento de una declaratoria de herederos. Este matrimonio no ha podido recibir ayuda por parte de FEMA, ya que la carta donde sus padres le autorizaron a construir su hogar, no fue suficiente para los funcionarios. Pero, nos cuentan que en el Huracán Hugo esa carta sí fue suficiente para acreditar su titularidad y ser acreedores de ayuda.

Hay otros casos que no necesariamente las sucesiones están compuestas por una gran cantidad de hermanos, pero las componen los hijos de los hermanos fallecidos y por consiguiente dificulta la obtención de una Declaratoria de Herederos. Ese es el caso de Doña Inés Soto (nombre ficticio), quien lleva toda su vida viviendo en la parcela familiar. No obstante, la parcela no está segregada y no ha podido hacer las gestiones que requiere la ley para completar el proceso. Nos dice:

No hay muchas residencias el problema es que mucha de la gente murió y el terreno está perdido en maleza y monte y no tengo la forma de llegar… mis primas no viven en Puerto Rico, están vivas, pero tienen un montón de hijos, seis una y cuatro o cinco la otra, ellas nunca han vuelto más a la isla… nosotras somos cinco…”.

Doña Inés nos trae otra preocupación fundamental, y es el estado de inacción que ha tenido que asumir sobre la formalización de la obtención de un título de propiedad ya que conoce los costos y esto no está en su alcance. Le preguntamos sobre los intentos que ha hecho y nos dijo que: “No, por el costo, tasador, CRIM, abogados…”.

Otro caso, que nos demuestra la complejidad que puede representar las Declaratorias de Herederos es el de Don Rafael Soto. Este señor de 63 años, vive en una finca heredada de 5 cuerdas y tiene 14 hermanos de los cuales 10 han muertos. Nuestro ordenamiento sucesoral, sin duda complica la situación particular de Don Rafael. Sabemos que en representación de esos 10 hermanos hay un sinnúmero de familiares que son parte interesada y que según don dice Don Rafael, el desconoce quiénes son. El construyó allí porque sus padres a través de declaración jurada le autorizaron. Ahora bien, se le ha hecho difícil obtener titularidad porque no puede probar que construyó con el permiso de sus padres y además porque la finca no aparece inscrita en el Registro de la Propiedad, tampoco sus colindantes. Hablándonos de la proximidad de la cabida de la finca nos dice que: “La gente de antes no sabían leer ni escribir, usaban las gallinas y con una barra medían….”.

Le preguntamos sobre la importancia que representaba para él obtener la titularidad, y nos dice que:

es importante porque si yo llego a faltar o mi esposa, como pasa en muchas familias, que no vaya a haber peleas, porque el que no hace nada dice “eso es mío”… lo hacen de boca pero para después decir que es dueño, a veces el menos que ha hecho es el que quiere mandar”. Además añade que algunas razones que lo motivan a obtener titularidad es que: “Si fuera a hacer un préstamo… me dio un infarto y me gustaría dejar eso claro, por mis hijos… quiero dejarles a mis hijos… en esa casa tota mi vida está allí” “esa casa la hice yo solito”.

Don Rafael, nos cuenta además que la declaración jurada que hicieron sus padres, fue luego del Huracán Hugo porque FEMA se la solicitó para poder brindarle la ayuda correspondientes. A diferencia de otros casos que hemos reseñado, FEMA, luego del Huracán María, sí le aceptó la declaración jurada para acreditar su titularidad sobre su casa.

Como hemos podido ver hasta el momento, estas personas que viven en parcelas de familiares llevan en ellas gran parte de su vida, así también lo es el caso de Don Felipe Rivera. Don Felipe, de 58 años de edad, lleva 51 años en la finca. Nos cuenta que el lugar donde vive fue cedido por un tío suyo mediante declaración jurada. La titularidad para este señor representa estabilidad, ya que nos comenta que:

Llevo 52 años viviendo ahí, por seniority me pertenece, invertí 84,000 pesos y ahora un abogado me dice, si alguien viene y registra la casa, me quedo sin el terreno…”.

Sobre los trámites de segregaciones en fincas familiares, el caso de la joven Yanitza Gómez, nos presenta otro aspecto que interfiere en la formalización de la titularidad. En esta ocasión no se trata de la imposibilidad de contactar a sus familiares, sino a la burocracia administrativa del Registro de la Propiedad que imposibilita la debida inscripción de su propia segregación. Yadilis no comenta que sometió todo con el su abogado al registro, pero “no he recibió contestación de la primera segregación de mi mama y mis tíos”. Nos comentó, lo que representa que se pueda culminar este proceso:

Para mi es sumamente importante. Evitaría muchas cosas porque a veces hay mucha ignorancia. La gente se queda ahí y otras personas que son más listos que ellos vienen y se los quitan. Debe ser una reglamentación que toda persona que tenga algo a su nombre deje saber a quién le va a pertenecer.”

(en construcción)

[1] Seudónimo

[2] Seudónimo

[3] Mario Núñez, uno de los líderes de la organización G8 que agrupa las ocho comunidades del Distrito Especial del Caño Martín Peña. Se identifica su nombre porque así lo quiso el entrevistado.

[4] Doña Conchita Cintrón, residente del Distrito Especial del Caño Martín Peña. Se identifica su nombre porque así lo quiso la entrevistada.